Después de leer esta historia, desearás haber sido integrante de la familia Tolkien.

La mágica historia comenzó cuando en 1920, John, el hijo mayor de J.R.R. Tolkien, se preguntaba quién era Santa Claus y en dónde vivía.

Tolkien -tal vez angustiado por responder las dudas de su hijo- decidió escribirle una carta a su hijo, y transformó la Navidad. Los típicos regalos navideños dejaron de importar.

En la primera carta describió detalladamente cómo era su vida –de Papá Noel- en el Polo Norte. Se volvió una tradición, tanto, como el pavo horneado en Nochebuena.

Las apariciones de cada una de las cartas el día de Navidad, también eran ingeniosas: en ocasiones los niños encontraban las cartas con restos de nieve y sellos del Polo Norte. Otras veces, las hacía llegar el cartero.

Hogar de Papá Noel, Polo Norte, 22 de diciembre de 1920: “Querido John: Me he enterado de que le has preguntado a tu papá cómo soy y dónde vivo. He hecho un autorretrato y he dibujado mi casa. Guarda bien el dibujo. Ahora mismo me marcho a Oxford con el saco lleno de regalos”.

La tradición duró 23 años, y terminó cuando Priscila, la menor de los tres hermanos, cumplió 14 años.

Polo Norte, Nochebuena de 1923. Mi querido John:“Hoy hace mucho frío y me tiembla la mano una barbaridad. Mañana cumpliré mil novecientos veinticuatro, ¡no!, veintisiete años. Soy muchísimo más viejo que tu bisabuelo, por eso me sale la letra tan borrosa. Pero me han contado que lees tan bien que seguro que entenderás mi carta”. 

Ahora, las cartas, que se convirtieron en un libro, se encuentran atesoradas en la Biblioteca Bodleian, en Oxford.

Casa del Acantilado, Cima del Mundo, cerca del Polo Norte, Navidad de 1925. Mis queridos chicos: “Este año tengo muchísimo trabajo (sólo de pensarlo la mano me tiembla todavía más que de costumbre) y poco dinero. Lo cierto es que han pasado cosas atroces y se han estropeado algunos de los regalos que tenía listos”.


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