El arte, al final de cuentas, es subjetivo.

Una tradición entre los presidentes de Estados Unidos es pedir prestada una obra de arte a los museos nacionales para que decore una parte de la Casa Blanca. Los Kennedy tuvieron un Eugene Delacroix, mientras que los Obama mostraban pinturas de Mark Rothko y Jasper Johns.

Los ocupantes en turno de la residencia oficial también hicieron su pedido: querían Paisaje con nieve, de Vicent van Gogh para las habitaciones privadas de Melania y Donald Trump. No obtendrán tal pintura.

El museo Guggenheim les negó el cuadro, pero le ofrecieron otra obra: America, de Maurizio Cattelan. Se trata básicamente de un retrete de oro puro, completamente funcional e incluso usado.

La obra busca hacer una crítica satírica a los excesos de riqueza en Estados Unidos y, de acuerdo al Washington Post, fue una oferta hecha directamente por el artista.



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